Con el fin de ganar tierras al desierto que envolvía a toda la ciudad por todos los costados, a siete leguas al norte en campo virgen de suave pendiente hacia la margen izquierda del río, aguas abajo del curso, de la Roza comenzó las obras del Canal de Angaco o también de Caucete que, por su magnitud, en referencia a ello, el historiador sanjuanino Horacio Videla, eran de magnitud romana.
Imprevistos surgidos por las distancias, así como la posesión de los terrenos vio impedida la obra de terminarse en el periodo de la Roza.
Hudson, alcanzó a ver en 1835 el cauce de ese canal, varias décadas más tarde vuelto a emprender.
